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domingo, 19 de abril de 2009

Kuwait

Todos aprendimos a situar Kuwait en el mapa en agosto de 1990 tras la invasión por parte de Iraq y la conocida "Guerra del Golfo". Hasta aquel momento este pequeño estado había pasado desapercibido en el siglo XX, en el que lo más destacable fue el protectorado británico, el descubrimiento del petróleo, su independencia en 1961 y la alianza con Iraq en su guerra contra Irán.

El pasado fin de semana conseguí organizarme un fugaz viaje de fin de semana y visitar capital: Kuwait City. El viaje desde Riad tan sólo lleva una hora de avión y además de las aerolíneas nacionales, Jazeera Airways también ofrece vuelos de bajo coste entre ambas capitales. El visado se puede obtener en el mismo aeropuerto, a unos 15 euros al cambio (sólo admiten moneda Kuwaití así que hay que cambiar en el mismo aeropuerto).

La ciudad es como tantas otras que he podido visitar en el Middle East: grandes avenidas, enormes centros comerciales, tráfico desmadrado y altos edificios de oficinas, muchos de ellos aún en construcción. Lo bueno de Kuwait es que, dentro de lo que cabe, parece un poco más ordenado y tiene el encanto de un enorme paseo marítimo (la "corniche") en el que se suceden parques, playas y restaurantes. Tengo que reconocer que no encontré ni rastro de la Guerra por allí, había leído que algunos edificios aún mostraban señales de lo que pasó hace menos de 20 años, pero supongo que de nuevo el dinero que brota del suelo ha facilitado una rápida reconstrucción del país.

Por desgracia no conseguí librarme de una de las inclemencias que me vienen acompañando en Riad desde hace tiempo: la arena del desierto. Esa especie de bruma de color marrón hizo que fuera imposible sacar una foto en condiciones.

La marca de identidad de la ciudad, y probablemente del país, son las Torres de Kuwait, una especie de esferas insertadas en un pincho y decoradas con cerámica de color azul. Una de las torres se puede visitar y alberga un restaurante, mientras que la otra se utiliza como depósito de agua.


Otro de los edificios singulares es la Torre de la Liberación, una enorme antena de telecomunicaciones (está entre las 5 mayores del mundo) que recibe ese nombre porque la Guerra del Golfo interrumpió la finalización de su construcción durante unos años.


Sin embargo, lo que más me ha gustado de Kuwait es el sentimiento de libertad a pesar de encontrarme en un país rodeado de lo mejorcito del Middle East (Iraq, Irán y Arabia Saudí) y de que el consumo e importación de alcohol también esté totalmente prohibido. Donde más se nota esta libertad es en cómo viste la población, sobre todo la gente joven. Da gusto volver a ver a grupos de amigos y amigas hablando entre ellos, vestidos con pantalones, camisetas intentando ir a la moda europea, ¡si hasta pude ver alguna falda ligeramente por encima de la rodilla!

Otro aspecto llamativo fue el de ver a parejas que iban dadas de la mano por la calle... inaudito, ¡como si fueran dos amigos árabes! Y ya lo más transgresivo que he visto por la zona: ¡una pareja dándose un casto beso en el paseo marítimo a la vista de todos!

En resumen, una buena forma de escapar un fin de semana de la capital saudita y de estampar en tu pasaporte un sello de lo más exclusivo.

lunes, 13 de abril de 2009

Diving Jeddah

Para mi segunda experiencia de buceo en el Mar Rojo me puse en manos de la empresa Desert Sea Divers cuyo dueño, un tipo llamado Abubaker, es de lo más popular y conocido en la zona, además de poseer todo un imperio de tiendas y personal a sus órdenes.

Esta empresa monta excursiones en barco desde una pequeña urbanización llamada "Dive Village" a unos 20 km del centro de Jeddah en dirección noroeste. Había reservado una plaza para los dos días del fin de semana, así que tras recoger el equipo pertinente, salimos en uno de los 3 barcos con capacidad para casi 20 buceadores y con todo lo necesario para pasar un buen día en el mar. Éramos un grupo de unos 15 entre americanos, libaneses y algún que otro saudita, muy buen ambiente y todo el mundo con ganas de pasarlo bien. Aparte del capitán, nos acompañaban un Dive Master que cuidaría de nosotros bajo las aguas y otro ayudante.

Todo iba de maravilla hasta que topamos con la Guardia Costera, la cual tiene que dar autorización a cualquier barco que quiera salir del puerto, y que debe de ser una especie de Guardia Civil en versión marítima, lo digo por la mala leche, ya que aquel primer día no dejaron a ningún barco salir a causa del viento (una brisita de nada).

Así que tuvimos que volver a tierra firme y gracias a Mr. Abubaker, nos metimos en la playa privada de un hotel donde tenía otra tienda y aquel día pudimos bucear desde la playa, la cual era una pasada, con una pared vertical de coral que llegaba hasta 40 metros de profundidad, pero tan sólo nadando desde arriba podías ver perfectamente, la transparencia era increíble.

Allí conocí a Allan, el que sería mi "buddy" o compañero de buceo ese fin de semana (recordad la primera regla del buceo: nunca, nunca, nunca bucees solo). Este tipo era un experimentado americano de más de 50 años que se había recorrido los mares de medio mundo y que, como tantos otros, intentaba pasar sus fines de semana en Arabia de la mejor manera posible. Lo mejor de todo es que llevaba una cámara de fotos con carcasa submarina, gracias a la cual he conseguido mis primeras fotos subacuáticas :-)


Nota: ésta es la primera y supongo que única foto que vereis de mí en este blog, espero poder seguir manteniendo mi anonimato por mucho tiempo.

El segundo día amaneció con una calma absoluta en cuanto al viento y ni una nube en el cielo, así que volvimos a probar suerte. Esta vez éramos unos 10 en el el grupo, mismo barco y misma tripulación. Entre ellos había unos cuantos americanos, tres azafatos y una azafata de Lufthansa, una pareja de saudíes que no buceaban y que simplemente se apuntaron para pasar el día en el barco y mi compañero Allan.

La zona costera de Jeddah está repleta de formaciones de coral donde además, unos cuantos barcos han quedado hundidos y son destinos muy populares para bucear. Aquel día sin embarco fuimos a otros tres sitios donde las formaciones de coral eran espectaculares, pudimos ver columnas de metros de altura y nadar alrededor de ellas como si estuviéramos metidos en un bosque.

Os dejo unas pocas fotos, espero que Allan pueda enviarme algunas más espectaculares.


Vista del arrecife de coral desde el barco

Uno de los tantos peces de colores junto al coral

Una raya con increíbles puntos de azul brillante escondida entre el coral

domingo, 29 de marzo de 2009

Jeddah

Jeddah es la segunda ciudad de Arabia con una población de 3.4 millones de habitantes y una importante actividad comercial. Esta ciudad es el principal puerto de entrada por mar hacia la cercana Meca en época de peregrinación. El pasado fin de semana decidí tomarme un respiro de la capital y visitar esta ciudad, con el principal objetivo de bucear por las aguas del Mar Rojo.

La ciudad en sí misma es tan caótica como Riad, con atascos a cualquier hora del día y por qué no decirlo: fea. Los barrios y edificios se suceden durante kilómetros y lo único llamativo son las esculturas que han construido en las rotondas. Los grandes hoteles que bordean la costa constituyen el punto de encuentro para la comunidad de expatriados occidentales, donde los precios de alojamiento y restauración están al nivel de cualquier ciudad europea o incluso por encima.

Para moverme por la zona alquilé un coche y me encontré con una situación que me resultó familiar. Había reservado un vehículo con transmisión manual pero cuando fui al mostrador del aeropuerto a recogerlo el empleado indio me asignó un coche de transmisión automática, que es lo más habitual por el Middle East. Decidí tomarme en serio los designios de Alá o de su Profeta (PBUH), así que no intenté realizar ningún cambio por lo que pudiera pasar.

La experiencia de conducir por la ciudad fue inolvidable, de nuevo me encontré con carriles que aparte de estar pintados en el asfalto no sirven para otra cosa, cruces imposibles y vehículos haciendo pirulas inimaginables, por ejemplo, aquí es de lo más habitual que si tienes que girar en un semáforo te sitúes en el carril que veas libre, da igual que la calle sea de tres o cuatro carriles, siempre puedes cruzarlos de un lado a otro cuando el semáforo se ponga en verde.

Otra de las experiencias fue la de tener que frenar delante de un saudita que cruzaba tranquilamente una calle de varios carriles levantando la mano para parar el tráfico. Me imagino lo que pasaría por su cabeza... "¡Atropéllame si tienes lo que hay que tener, extranjero de pacotilla!"

Jeddah es un habitual destino de vacaciones para los sauditas. Sin embargo, si alguien tiene la intención de pasar aquí unos tranquilos días de playa y Sol, entonces sólo tiene una opción: alojarse en alguno de los hoteles de cinco estrellas con playa privada. A continuación un par de fotos de dos playas de Jeddah, una es de una playa pública en el centro de la ciudad y otra es de una playa privada de un hotel. Encuentra las siete diferencias.


lunes, 23 de febrero de 2009

Turista accidental en Arabia

Hay gente que en lugar de unas relajantes vacaciones prefiere hacer turismo de aventura: trekking, descenso de barrancos, rafting, safaris, etc. En esta ocasión, como vacaciones de aventura yo elegí irme unos días en solitario por tierras sauditas y éste es el relato de lo acontecido, necesitarás un buen rato libre para leerlo completo.

DIA 1: Riad - Yanbu
Mi primera etapa me llevaría hasta Yanbu, una localidad en la costa del Mar Rojo, en un vuelo de 1h25' con la línea aérea nacional: Saudi Airlines. Era la primera vez que visitaba la terminal doméstica del aeropuerto de Riad pero no me encontré con nada que no hubiera visto antes salvo más aglomeración de gente, así que tras aplicar las básicas reglas de hacer cola en Arabia (evitar filas repletas de indios y paquis) conseguí mi tarjeta de embarque impresa en una hoja de papel, no sin antes volver a confirmar que el saudita de bien nunca transporta sus maletas por sí mismo aunque disponga de cómodas ruedas, sino que existe una legión de pakis que se encarga de llevar las maletas desde el coche hasta el mismo mostrador de check-in.

La mayor parte del pasaje del avión eran sauditas, así que durante el aterrizaje en Yanbu observé el típico espectáculo: mensajes de móvil cuando el avión aún está descendiendo, llamadas cuando aún se encuentra en pista y algunos hasta se levantaron, recogieron sus bolsos de mano y se fueron hacia la puerta con sus niños cuando aún no habíamos parado en la terminal. Ninguna azafata china o filipina iba a conseguir que un saudita cumpliera las normas de aviación internacional.

El trayecto al hotel fue rápido, así que antes de irme a dormir recogí el coche de alquiler que había reservado allí, un Chevrolet Optra de 106cv con transmisión manual. El tipo que me atendió me preguntó si quería el coche con transmisión automática, ¿es que no había leído los datos de mi reserva? Alá me estaba enviando un mensaje a través de aquel empleado indio de la empresa de alquiler, mensaje que yo no supe interpretar.

DIA 2: Yanbu - Al Ula
Pocos días antes de mi viaje había contactado con una tienda local para intentar contratar una excursión de buceo en el Mar Rojo. El de la tienda me comentó que a las 07:30 del jueves un bote saldría de un puerto cercano con otros buceadores a bordo y que todo el equipo necesario estaría allí esperándome. Sorprendentemente, todo ocurrió tal y como me había prometido así que poco después me encontraba en el barco con el capitán, un amigo suyo y un ingeniero químico de Malasia que sería mi ´buddy´o compañero de buceo aquella mañana. El capitán nos llevó a una zona donde el fondo marino se encontraba a unos 20 metros de profundidad y en el que se había formado un arrecife de coral que llegaba hasta la superficie. Describir con palabras esa experiencia de buceo es difícil, tan sólo puedo comentar que la transparencia de las aguas del Mar Rojo hacía que pudieses ver a más de 20 metros de distancia y que el malasio y yo disfrutamos como unos niños pequeños observando los corales y los cientos de peces de variados colores, tamaños y formas que nos rodeaban.

Tras regresar a puerto con el buen sabor de boca, rápidamente emprendí el recorrido que me llevaría hasta Al Ula, localidad en el interior de la región de Tabuk y donde había reservado una noche de hotel para visitar las ruinas de Mada'in Saleh al día siguiente. Según el mapa, una carretera conectaba ambas localidades, pero no todo fue tan fácil como pensaba por dos motivos: la mitad de los carteles estaban escritos en árabe y en cuanto a la otra mitad, resulta que los carteles en Arabia casi nunca indican la localidad de destino, sino que sólo te ponen el pueblo siguiente que encontrarás en la carretera. Paré en una gasolinera para respostar dos eurillos (que dio para 16 litros de gasolina) y pregunté al personal local. Nadie hablaba inglés y todos me miraron extrañados. Tras dos horas más de conducción llegué a un pueblo donde la carretera se acababa, de nuevo no encontré a nadie que hablara una palabra de inglés. Volviendo sobre mis pasos, encontré una señal que llevaba a una localidad de la costa, así que fue el momento de decidir: seguir el camino de la costa (casi el doble de kilómetros) o continuar buscando el camino interior a la desesperada. Elegí la primera opción, así que poco a poco los kilómetros fueron cayendo y el cielo oscureció completamente cuando aún me quedaba un centenar de kilómetros.

Por si eso no fuera poco, cuando ya casi estaba apunto de alcanzar el pueblo de Al Ula, la palanca de cambio de mi Chevrolet decidió salirse de la caja. Si se hubiera quedado en primera, segunda o tercera, habría sido imposible circular por la carretera, si se hubiera quedado en quinta, hubiera sido imposible acelerar. La caja de cambios se quedó anclada en la cuarta marcha, y aquello fue el principio de una larga amistad entre el pedal del embrague y mi pierna izquierda. Podría haber llamado a la empresa de alquiler y haber esperado un día o más a que vinieran a rescatarme rompiendo todos mis planes de viaje, pero tomé aquella casualidad sobre la cuarta marcha como una señal de Alá para que continuase mi camino. Aquella contingencia supuso unas cuantas nuevas reglas en mi viaje:
  1. tener cuidado de no aparcar en bateria (ir marcha atrás consistía en sacar medio cuerpo fuera del coche, pisar el embrague con la pierna derecha, el asfalto con la pierna izquierda y hacer fuerza)
  2. la aceleración en los semáforos se convirtió en bastante ridícula
  3. rezar por no quedarme parado cuesta arriba
  4. no pasar de 100 km/h en carretera y aguantar 4000 rpm a esa velocidad
  5. un incremento en el consumo de combustible, aunque teniendo en cuenta que con 5 euros llenaba el depósito, tampoco suponía mayor problema
Finalmente conseguí llegar al ansiado hotel preguntándome qué más cosas podrían sucederme y si habría sido una buena idea el hacer este viaje.

DIA 3: Mada'in Saleh - Al Wajh
Hace tiempo ya conté la historia de los Nabateos y de las ruinas de Mada'in Saleh y el porqué de mi interés por visitar este yacimiento arqueológico. La forma más fácil de visitarlo es contactar con uno de los dos hoteles de Al Ula: el Arac Hotel Al-Ula o el Mada'in Saleh Hotel. Ambos organizan visitas guiadas pero únicamente para grupos y aquel día no había ningún grupo disponible al que poder unirme. Para visitar Mada'in Saleh es necesario solicitar un permiso a las autoridades locales con al menos dos semanas de antelación. Este permiso se puede solicitar en el Museo Histórico Nacional de Riad o bien a través de los anteriores hoteles.

Con el permiso amablemente gestionado por el hotel Arac, me dirigí a la entrada al yacimiento, que se encuentra a 22 kilómetros de Al-Ula. El vigilante de la entrada no hablaba inglés (para variar) y tras varios intentos de hacernos entender y de mostrarle todos los papeles de los que disponía me dejó pasar. El recorrido consiste en una carretera no asfaltada que te lleva por todos los puntos de interés, bastante diferente a Petra en el que debes ir preparado para andar durante todo el día. No puedo decir que sea más o menos espectacular porque es muy distinto, aunque he aquí unas pocas fotos para el que quiera comparar. Yo quedé bastante satisfecho de haber llegado hasta allí a pesar de las dificultades del camino.





A medio día emprendí camino de nuevo hacia la costa del Mar Rojo. Mi plan para los siguientes dos días era descansar disfrutando del Sol y de las playas sauditas. El tener la velocidad del vehículo limitada me permitió fijarme en el espectacular paisaje de montañas rocosas y desierto, además de los destartalados pueblos que aparecían en la carretera de vez en cuando. La conducción por aquellas carreteras me resultó mucho más fácil de lo que me esperaba ya que no me encontré a tanto saudita suicida como por las calles de Riad. Quitando la conducción bajos los efectos del alcohol como causa de accidente (aunque haberlos, haylos y si te pillan en ese caso y no has fallecido en el accidente ya puedes prepararte a pasar el resto de tus días en la cárcel), las dos causas principales de accidentes de tráfico en Arabia son la ya mencionada tendencia al suicidio de algunos jóvenes sin otro objetivo en la vida y el cruce de camellos en la carretera, por lo que nunca debes distraer tu mirada de la carretera.











Sin mayores contratiempos llegué al pueblo costero de Al Wajh, contento de mis habilidades de conducción en cuarta.

DIA 4: Al Wajh, Umluj, Yanbu
Algo en mi visita a Mada'in Saleh tuvo que enfurecer a Alá porque ya desde el día anterior me envió nubes y fuertes vientos, que hicieron imposible pasar un agradable día en la playa. Además el Al Wajh Beach Hotel era mucho más cutre de lo que me esperaba y por si eso fuera poco, en muchos de los pueblos costeros de Arabia la playa es sinónimo de escombrero, así que no dudé en cancelar la segunda noche que esperaba quedarme en Al Wajh y volverme a Yanbu.

A mitad de camino paré en otro pueblo costero, Umluj, que también contaba con una zona de playa bastante amplia, aunque algo descuidada.

Mi aventura con el Chevrolet no pudo terminar sin antes conducir bajo una tormenta de arena, que básicamente es lo mismo que conducir con niebla. Para mi sorpresa, el saudita común se muestra bastante respetuoso al volante ante esta inclemencia y reduce la velocidad considerablemente, aspecto que aún no hemos aprendido en España cuando cae la niebla.


DIA 5: Yanbu - Riad
En Yanbu me alojé en el Radisson SAS, no hay nada como una cadena internacional para asegurar una buena calidad en las habitaciones y los servicios del hotel. El único inconveniente que encontré es el recurrente tema de la maldita segregación sexual, según el cual la piscina y gimnasio estaban reservados para mujeres por la mañanas y para hombres por la tardes.

La localidad de Yanbu constituye la segunda ciudad de industrial de todo el país, con una inmensa planta petro química visible a kilómetros de distancia. Una enorme urbanización de casas unifamiliares ha sido construida a su alrededor al estilo de vida americano, donde se alojan los cientos de expatriados que trabajan en la central. Esta zona se conoce con el nombre de Royal Commision y cuenta con una zona de playa que, lástima, ¡es de uso exclusivo para familias!

El concepto de ir a la playa para una familia saudita es el mismo que el de pasar un día de campo para nosotros, salvo que la mujer no se quita la abaya ni el hombre su thob blanco. Nadie se baña en el agua y la familia se limita a jugar, charlar, comer y sembrar la playa de desperdicios. Aunque la entrada al recinto no hubiera estado restringida "no familias", no creo que me hubiera atrevido a mostrar mis pectorales, tomar el Sol y bañarme en las cálidas aguas del Mar Rojo. Sin embargo, delante del hotel encontré una zona de costa con poca arena pero donde al menos sí pude cumplir mi objetivo de tomar el Sol y dedicar unas horas a la lectura, tras lo cual procedí al check-out en el hotel y di por teminadas mis mini vacaciones sauditas.

El vuelo de vuelta me permitió hacer algunas reflexiones sobre las aventuras vividas. El KSA tiene un potencial enorme para el turismo, kilómetros de costa, Sol todo el año, yacimientos arqueológicos impresionantes y muchos atractivos de interés cultural - sin mencionar las ciudades de Meca y Medina, totalmente prohibidas para no musulmantes. Bajo cualquier otra cultura y bajo cualquier otro gobierno (con menos restricciones y más abierto al mundo) la costa del Mar Rojo ya se hubiera poblado de cientos de resorts de lujo al borde de aguas azul turquesa. Mucho tienen que cambiar las cosas para que llegue ese día, que estoy seguro que llegará cuando el dinero deje de brotar del suelo.

Hoy por hoy se puede decir que KSA es un país hostil para el turista occidental más allá del confort de algunos hoteles y resorts que las cadenas internacionales han construido en las principales ciudades (Riad, Jeddah, Damman, Hofuf).

Aún así me quedo con un buen sabor de boca de este viaje sobre todo por haber tenido la oportunidad de bucear en el que para muchos es el mejor sitio de buceo del mundo y por haber podido visitar Mada'in Saleh, patrimonio de la Unesco desde 2008.

domingo, 15 de febrero de 2009

Omán

El Sultanato de Omán es el estado que se encuentra en el extremo este de la península arábica, limitando con Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Yemen. Como tantos otros estados de la zona, su historia se resume en siglos de luchas entre poderosas familias, conquistas y reconquistas. En 1891 el Sultanato se convirtió en protectorado británico, ganando su independencia en 1951. Finalmente, en 1970 Qaboos bin Said derroca a su padre y establece el Sultanato de Omán.

El viaje desde Riad hasta Muscat (Mascate en castellano, pero me suena tan raro que no utilizaré este nombre) lleva dos horas y quince minutos. La compañía Oman Air ofrece vuelos los Martes y Sábados de cada semana. En el mismo aeropuerto se puede adquirir el visado por el módico precio de quince euros, aunque yo lo saqué por unos doce euros al cambio pagando con divisa saudita, es decir, que aplican el cambio que les da la gana.

La capital del país es una pequeña ciudad de barrios desperdigados por toda la costa. Su centro administrativo se encuentra en una bonita zona muy cuidada, llena de jardines y rodeada de dos fortalezas.











A poca distancia del centro administrativo se encuentra el principal núcleo de la ciudad, Matra, que cuenta con un importante puerto y que es visitado por numerosos turistas para recorrer las callejuelas de su mercadillo tradicional (el 'souk').

A las afueras de la ciudad se encuentra la reciente Gran Mezquita del Sultán Qaboos, una visita obligada para contemplar la grandiosidad del edificio, que se puede visitar la mayoría de los días. Eso sí, conviene recordar que las mujeres deben llevar pañuelo atado a la cabeza y que tanto hombres como mujeres no pueden llevar pantalones cortos ni hombros al aire.

Tras este breve resumen vale decir que basta un solo día para visitar los principales atractivos de la capital omanita. Lo más interesante del país se encuentra a cientos de kilómetros en el desierto o bien a lo largo de los kilómetros de costa que rodean el país.

Empezando por el desierto, el fin de semana aprovechamos para hacer una escapada al campamento de Wahiba Sands, que a unos 300 km de la capital te ofrece la posibilidad de pasar una noche en una choza en el desierto, rodeado de dunas de fina arena y disfrutando del silencio, del cielo estrellado y una cena + música + shisha en la jaima. Conviene aprovechar la oportunidad para alquilar los servicios de un conductor profesional que durante 30 minutos te puede dar una vuelta a toda velocidad por las dunas del desierto en un destartalado 4x4, con subidas y bajadas por las dunas que te harán que intentes agarrarte al asiento como mejor puedas.

Otra de las visitas obligadas en Omán es adentrarse en uno de los numerosos Wadis, que es como se conoce a los barrancos escavados en la roca por ríos que se encuentran secos en la mayor parte del año y que arrastran grandes riadas en las pocas ocasiones en las que la lluvia hace acto de presencia. Algunos de estos Wadis cuentan con agua más frecuentemente y una especie de oasis puede ser visitardo en cualquier época del año.


Además de todos los paisajes que contemplamos, lo mejor de mi viaje a Omán fue el curso de submarinismo que realicé junto con mis amigos, la verdad es que he descubierto una actividad de lo más apasionante. Da la casualidad que nuestro profesor era un saudita que a los 20 años emigró a Omán para poder vivir con más libertad y prosperidad. Como ya nos habíamos empollado toda la teoría, el curso se organizó en tres días con las siguientes prácticas:
primer día en piscina, aprendiendo a manejar y comprobar el equipo, a moverte por el agua y a realizar maniobras básicas
segundo día en la playa, bajando hasta los doce metros de profundidad
el tercer día nos llevaron en un bote a un islote donde bajamos hasta los quince metros de profundidad

Durante los dos días que estuvimos en el mar, además de seguir practicando ejercicios como limpiarte las gafas, quitarte y ponerte tu chaleco o tus pesos, simular que te quedas sin aire en la botella y respirar con la botella de tu compañero o practicar la subida a superficie, también tuvimos la oportunidad de observar la flora y fauna local, entre las que destacan:
  1. los innumerables erizos de mar que hicieron que tuviésemos que mirar el suelo con mil ojos antes de aposentarnos en el fondo marino
  2. cientos de peces de distintos colores, tamaños y formas
  3. unas cuantas morenas que nos miraban con cara de miedo mientras enseñaban sus afilados dientes
  4. una raya camuflada en el fondo del mar que salió pitando al notar nuestra presencia
  5. un banco de pequeñas barracudas
Una pena que el profesor olvidara llevarse la cámara subacuática el último día. Desde luego, tendré que continuar con mi formación como submarinista y tal y como el profe me recomendó, no puedo dejar pasar la oportunidad para bucear en el Mar Rojo, que es para muchos el mejor lugar del mundo para la práctica de esta actividad.

sábado, 7 de febrero de 2009

Petra

El 7 de Julio de 2007 (07/07/07), la ciudad de Petra fue elegida entre las Siete Nuevas Maravillas del Mundo, lista que fue votada por más de 100 millones de internautas de todo el mundo.

Petra se encuentra a unos 300 km de Ammán, así que si partes de esta ciudad básicamente tienes tres opciones para llegar:
  • ir en un tour organizado previamente o contratado en tu hotel, que suele costar unos 150 Jedis de media
  • alquilar un coche (más de 50 Jedis) y aventurarte a conducir hasta Petra, pero teniendo en cuenta que las normas de circulación no existen en Jordania, que los carriles son invisibles a la mayoría de los conductores (eso si hay suerte y están pintados) y que las señales escasean o están en árabe, pues hay que tenerlos muy buen puestos para optar por esta alternativa
  • ir en autobús, que tarda más de tres horas pero es el medio más económico y conveniente

JETT opera un autobús diario que sale a las 06:30 de Ammán y llega antes de las 10:00 directamente al Centro de Visitantes de Petra, con una parada intermedia para comprar algo de beber o algún recuerdo a precios de turista. Si el autobús está lleno no tienes posibilidad de coger otro, así que se recomienda comprar el billete el día de antes por si las moscas (para más información sobre cómo llegar a la oficina en Ammán, ver mi anterior entrada). El autobús parte de vuelta a Ammán a las 16:00, así que en definitiva te deja seis horas para patear la ciudad, a menos que decidas hospedarte en uno de los hoteles de la ciudad y pasar dos días en Petra. El billete de ida y vuelta cuesta 13.50 Jedis.

La entrada a Petra se adquiere en el Centro de Visitantes y cuesta 21 Jedis, allí mismo puedes coger un pequeño plano de la ciudad con todos los puntos de interés. Antes de comenzar el camino, se pasa por delante de algunos puestos donde comprar comida, bebida y recuerdos a precios de turista. Dentro de la ciudad también hay restaurantes y otros puestos de comida y bebida, pero si quieres ahorrar un dinero no es mala idea llevar lo necesario antes de llegar allí. Sobre todo, ten en cuenta llevar mucha agua ya que en Petra hace mucho calor y el Sol pega de lo lindo. De entre todos los puestos llama la atención una tienda dedicada a recuerdos de Indiana Jones y la Última Cruzada.










A lo largo de todo el camino habrá multitud de gente ofreciéndose como guías. También cabe la posibilidad de alquilar un caballo que te lleve a la entrada del Siq o un burro desde allí hasta el Tesoro. Personalmente no recomiendo ninguna de estas opciones y menos a la ida que es todo bajada.

El Siq es una garganta de 1.5 kilómetros de longitud entre dos paredes casi verticales verdaderamente espectacular. Los nabateos construyeron un canal para transportar agua a la ciudad a lo largo de todo este recorrido. La belleza de las formaciones rocosas y de los colores de la piedra son verdaderamente espectaculares. Cuando aún no has terminado de digerir todo eso, de repente la construcción más conocida de Petra se empieza a vislumbrar entre las paredes de roca: se trata del Tesoro, una fachada esculpida en piedra y utilizada como monumento funerario para los Reyes nabateos. El interior únicamente alberga unas habitaciones sin decoración alguna, ni rastro del Santo Grial ni nada de lo que aparece en la peli de Indiana Jones.






















Tras un rato de contemplación de esta edificación intentando imaginar el esfuerzo de cavar esta fachada en la roca, el camino sigue a la derecha y las montañas empiezan a abrirse poco mientras otros monumentos funerarios y construcciones se suceden sin descanso.

De entre ellos destaca por su espectacularidad el anfiteatro, que se encuentra también excavado en la montaña casi en su totalidad.

Una visita a Petra no puede terminar sin una dura caminata de más de una hora subiendo por la ladera de una montaña hasta alcanzar la segunda construcción más famosa de esta ciudad: el Monasterio. Se trata de otra fachada menos menos ornamentada pero con mayores dimensiones que el Tesoro. Su nombre proviene de su utilización como iglesia durante el dominio bizantino.

Jordania, Amman

En 1946 el Reino Hachemita de Jordania nació tras medio siglo de luchas de poder entre Reino Unido, Francia y varios países, monarquías y poderosas familias árabes. El nombre de Hachemita viene del príncipe gobernate de aquella época, Abdalá I. Los Hachemí es el nombre que se da a un linaje árabe que procede de los hijos de Hashim, uno de los clanes de la tribu a la que pertenecía Mahoma. Actualmente Jordania es el último Reino Hachemí que queda en pie (en otra época lo fueron también Siria e Irak) y es un ejemplo de estabilidad política en Oriente Medio.

Su capital, la ciudad de Ammán, se asienta sobre algunos de los restos arqueológicos más antiguos de la Humanidad, se han encontrado restos que se remontan a 6500 años A.C. La ciudad estuvo bajo los dominios de diversos pueblos, entre ellos los nabateos, los asirios, los persas y los griegos, que la llamaron Filadelfia (como el queso), hasta que finalmente fue anexada al Imperio Romano en el siglo I A.C.

El principal aeropuerto de Ammán se encuentra a 35 km al sur de la ciudad. Existen autobuses que parten cada hora pero como mi vuelo llegaba tarde cogí un taxi que en 40 minutos me dejó cerca de la estación de autobuses Abdalí. Al contrario de lo que he encontrado en los países del Golfo, por allí el nivel de inglés de la población en general no es tan bueno y me resultó difícil hacerme entender con el taxista. La tarifa desde el aeropuerto es fija y varía entre los 18 y los 25 Jedis dependiendo de la zona de la ciudad. Sí, cuando pregunté el precio mi primer pensamiento fue intentar adivinar qué relación podía tener La Guerra de las Galaxias y El Retorno del Jedi con los precios de los taxis jordanos, pero es que allí al "Jordan Dinnar" (JD) lo llaman Jedi.

Mi primera misión fue localizar la oficina de la compañía de autobuses JETT, de la cual me había informado previamente para poder ir a Petra al día siguiente (gracias al blog de Lubna Takruri). Rápidamente me di cuenta de lo fácil que es perderse en Ammán, ya que mi primer intento resultó ser en dirección contraria. El truco desde la estación de Abdalí es subir por la calle dejando la oficina de correos a la derecha y la mezquita del Rey Abdulá a la izquierda. Tras unos 500 metros encontrarás la oficina de JETT (+96265664146). Llegué diez minutos antes de que la cerraran (21:00), así que pude comprar el billete para el día siguiente y dirigirme tranquilamente a buscar mi hotel. Fue un esfuerzo innecesario por otra parte ya que al final sólo fuimos seis viajeros en un autobús de cincuenta plazas, pero al menos me sirvió para saber cómo localizar la oficina.

Mi segundo error fue el pensar que sería posible ir de una colina a otra de Ammán callejeando. Dicen que Ammán es una ciudad levantada sobre varias colinas pero es mentira: colinas es lo que hay en Roma, en Ammán lo que te encuentras son montañas. Después de tener que volver sobre mis pasos varias veces, no me quedó más remedio que seguir por las calles principales rodeando las montañas. Además, éstas se encuentran completamente agujereadas por túneles para que los coches puedan moverse mínimamente por esta parte de la ciudad, creo que Gallardón se lo pasaría como un niño pequeño en una juguetería en esta ciudad. Encontrar un mapa de Ammán fue verdaderamente difícil en los días previos, así que recomiendo a futuros viajeros imprimirse una vista de satélite del Google Maps y éste otro mapa que os enlazo aquí.

Ammán se puede dividir en dos partes completamente distintas. La zona antigua se situa al Este y es donde se encuentran la mayoría de los restos arqueológicos y las mayores cuestas. Esta zona es auténticamente árabe, es la primera vez desde que estoy por el Middle East que puedo decir esto, a diferencia de los países del Golfo, donde la inmigración de la India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka y otros países asiáticos ha sido desproporcionada. Ammán también ha sufrido dos grandes migraciones: la proveniente de Palestina durante decenas de años de conflicto con Israel y la proveniente de Irak tras la guerra del Golfo. Es en aquella zona de la ciudad donde estas comunidades viven acinadas en casas medio derruidas y callejuelas oscuras.

Los restos arqueólogicos de mayor importancia son el Anfiteatro Romano y la Ciudadela:






















También son dignas de visitar las mezquitas del Rey Hussein y del Rey Abdulá:













La zona nueva de la ciudad es mucho más fácil para el caminante, aunque se extiende por largas avenidas. Aquí casi no notas la diferencia con una ciudad europea, la gente viste al estilo occidental y hasta pude ver alguna minifalda. Si viajas solo es muy recomendable coger el Amman City Tour, que por diez Jedis te puedes subir y bajar en cualquiera de sus paradas las veces que quieras. Si vas en grupo al final te sale más rentable coger taxis, que son realmente baratos y los hay por todas partes.